
No podía dejar de ser uno más en esta blogosfera y dedicar una entrada a estas felices fechas llenas de amor y armonía. No creo en ellas como tales aunque tengo que decir que me encantan esas noches en las que la familia se vuelve a reencontrar y, en mi caso, la familia es grande.
Esta Nochebuena ha estado bien pero poco a poco se me resiste más el gusto por la NAVIDAD. Sí, Navidad en mayusculas porque no hay en Diciembre otra cosa que no sea la Navidad. Mi madre el día 1 a las 9.00 horas ya estaba poniendo el árbol con todas sus lucecitas y el portal de Belén sólo esperó hasta las 11.00. En mi calle las casas brillán más que nunca y mi casa se llena de bombones y mantecados.
De cuando era chico sólo me acuerdo de esas cenas en casa de mis abuelos con toda la familia al completo. Los pequeños en una mesa y los mayores en otra. Una vez hicimos la cena en mi casa y la recuerdo con especial cariño. Todas mis titas preparando la cena (titos no había ni uno). Yo y mis primas secando los vasos y los cubiertos,... Lo que no se me puede olvidar es ese famoso Cortilandia que me alegraba esa tarde llena de olor a castañas.
La Navidad despierta en mí sentimientos extraños y, aunque me da pena, tengo que decir que cada vez me gusta menos. Es triste.







