
Tristeza y crítica destacan en la nueva película de Javier Fesser. Camino es una niña que vive sus últimos días rodeada de tubos, aparatos extraños, un cura y decenas de opusinos viviendo sus últimos suspiros.
Una cría de pelo hermoso, ilusionada y con una luz propia que destaca por donde pasa. Su educación, ferozmente religiosa, hace que gran parte de su vida esté rodeada de vírgenes y acompañada por un ángel protector, que se repite diariamente en sus pesadillas. El amor por Jesús (un niño de carne y hueso, aunque muchos crean que es el dios espiritual) le hace tener esperanzas y ganas de vivir. Pero la enfermedad hace que todo se venga poco a poco abajo.
Su madre, interpretada por la ganadora del Goya, Carmen Elías, cree que la enfermedad de su hija es un regalo de Dios, una prueba para que demuestre su fe eterna a Dios.
Angustiosa a más no poder y crítica sin remedio, tienes la incertidumbre de creer si lo que ocurre es cierto o una simple exageración. Lo triste es saber que existe gente que piense de esa manera. No creo que la fe a un ser omnipresente sea negativa (al contrario, debe de ayudar en los malos momentos) pero lo malo es el extremo al que esta madre lo vive.
Un aplauso especial para Mariano Venancio, el actor que da vida al padre de Camino. Es la voz de la realidad, del que no puede creer lo que está ocurriendo. La voz del que no puede hacer nada. Su mirada dice mucho y su caracter intenta reconducir la educación que ha hecho que su hija mayor viva alejada de su familia de por vida. No quiere que esto le ocurra a Camino, pero ésta tiene un destino más complicado.
Absolutamente genial. Mención especial para la música, ayuda más aún a la crítica al Opus dei y Goyas merecidos. Ahora sí puedo decirlo. Nerea Camacho dará que hablar.