
Ayer una de las redactoras de El Correo (María, eternemente alegre) dijo una gran frase con una cerveza en la mano: "No hay cambios buenos ni malos, simplemente diferentes". Yo no se si mis cambios habrán sido a mejor o a peor, lo que sí se es que mi vida ha cambiado mucho. Ahora puedo decir que soy féliz. La gente cambia, yo cambio, el mundo cambia,... aunque en el fondo, por mucho que lo queramos negar, todos conservamos nuestra esencia.
Hace tiempo que quería hablar de mi primer año de facultad (recuerdo esa frase de mi prima Vanessa: "Cuando entres en la facultad te cambiará la vida", ¡y tanto!) y de lo que queda de eso. Recuerdo como hace más de tres años un muchacho de pelo moreno con greñas en la nuca entraba por la puerta de la facultad de comunicación con timidez, con algo de miedo y con ganas de conocer aquella nueva situación que se le estaba presentando. Rápidamente conocí a dos mujeres que me acompañarían durante todo el curso y una de ellas se convertiría en una de mis mejores amigas. Ese año dió para mucho y allí conocí a mi grupo de amigos. Por azar conocí a mi ángel, a mi connovia y a un grupo con el que pasé grandes momentos. L me acompaño en ese encuentro del destino y juntos, acompañados por un alcalareño de nombre imposible de escribir, convivimos grandes experiencias.
Ahora, que acabo de comenzar un curso nuevo en otra escuela y que estoy conociendo a gente muy interesante y que cada día me cautivan más, echo un vistazo atrás y contemplo el panorama actual; lo que queda de ese minigrupo, de ese grupo y de esa gente que conocí en esos primeros meses de facultad. L se ha marchado de nuestras vidas y en su lugar alguien triste y oscuro la reemplaza, C es una persona a la que sencillamente le tengo alergia, Marta siempre estará ahí y el grupo de las Lauras and company se que, aunque el tiempo haga que nos veamos poco, es por un sueño y todos lo sabemos. Sólo una queda de aquel primer grupo de Estructura y Procesos Sociales, una niña blue muy especial para mí.
No añoro esos momentos. Son momentos que tienes que vivir para poder quedarte con la gente que realmente te merece la pena y me lo demuestran cada día.
Aquel muchacho al que le fue creciendo la melena, un día se la cortó en Londres y su vida fue cambiando. Hoy echa un vistazo atrás, pero sin añorar, sin pena, y pensando que, aunque la gente que ahora está conociendo serán dentro de tres años más o menos importantes en su vida, quiere compartir este momento con ellos y vivir su sueño sin fin.





