
Martín y Martín (H), padre e hijo, inteligente y vago, sin vida y sin vida descubierta. ¿Qué hacer cuando no le encuentras a tu vida el sentido? Simplemente buscarlo. Es tan fácil de decir como complejo de hacer. Un supuesto intento de suicidio embarca la vida de estos dos seres y de los que los rodean hacia la búsqueda, alguno sin retorno, de la felicidad y del deseo irremediable de buscarse a uno mismo, de buscar aquello que te identifica, de no ser una 'h' inservible y sin identidad.
Un llamamiento especial merece ese Eusebio Poncela y Dante, el personaje al que da vida. Su concepción de vida puede ser muy criticable, tanto como admirable. Vivir por y para el placer puede pintar muy bonito pero eso conlleva a la soledad, a vivir en un hotel y, también, por qué no, a darlo todo por aquellos que son capaces de comprenderte. Sexo, drogas y una profesión que te hace feliz es todo lo que Dante necesita para sentirse vivo. Algo que a muchos les cuesta.
Martín, por otro lado, es todo lo contrario. Estúpidamente correcto, es incapaz de mostrar sus sentimientos y, como dicen en la película, de amar por no sufrir por amor. Prefiere perder lo que ama por no demostrar lo que siente. Y lo pierde de la manera más trágica.
El punto positivo: gracias a esa pérdida descubre que siente, que ama y es capaz de llorar por ello.
No podría pasar por alto el personaje de Alicia, interpretado por la gran Cecilia Roth. Sabe que lo que ama le hace daño y que poco a poco la está matando pero no es capaz de dejarlo. Es como una droga, justo lo que le hace perder la conciencia en algunos momentos, pero, en este caso, es peor. Está mezclada con la esperanza. La esperanza de que las personas pueden cambiar.
De nuevo cine con acento argentino. Me encanta. Busquen un hueco para verla. Yo acabo de encontrarlo y me alegro por ello.